El Tío de la Grúa [Relato]

Unas nubes de tormenta se acercaban hacia mí, tome el teléfono móvil y llame al tipo de la grúa; me dijo que tardaría unos quince a veinte minutos en llegar al lugar. Entre en el auto y prendí el Estéreo. De pronto se desato una tormenta; Salí del coche y cerré el capot y rápido volví al interior del vehículo, ya estaba de noche.
 
Se me da por mirar el espejo retrovisor y veo como se acercan las luces de la grúa. Estoy totalmente empapada, mi musculosa blanca se torna cada vez más trasluz y mi pequeña minifalda se une con mi piel como si fuesen uno solo.
 
Llega el tío y se estaciona a un par de metros detrás de mi coche, noto que el baja y no lo distingo muy bien, se acerca a mi ventanilla y la golpea yo quito el seguro y el abre la puerta e ingresa al coche para tramitar los papeles del remolque. Cuando lo veo, hay cuando lo veo, -el tío más lindo que he visto en toda mi vida- noto que observa mis pechos por la musculosa que ya estaba traslucida totalmente. Él me dice –Hola…– yo le contesto, acariciando la palanca de cambios –Hola… bombón…– y noto que se sobresalta y medio que se excita al verme tomando con mucha fuerza el caño. Él me dice –Vengo a remolcar tú automóvil– y yo le digo, –que si quiere podría remolcar otra cosa– extiendo mi mano y la coloco sobre el pantalón mojado de él.
 
Él me observo y con su mano derecha toco mis pechos, yo extendí la mano y comencé bajándole lentamente el cierre, mientras él me iba subiendo la musculosa blanca, metí mi mano y saque su gran polla del pantalón y fue como una atracción. Me quito la musculosa y la arrojo hacia el asiento de atrás. –Comencé a sobarla- él comenzó a excitarse y casi comienza a gritar del placer.
 
La solté y mire sus preciosos ojos marrones llenos de pasión. Me tomo de las piernas y suavemente bajo mi tanga, me abre las piernas y comienza a sobarme el coño, mientras mete y saca su lengua, produciendo en mí una excitación descomunal.
 
Comencé a suspirar cada vez más rápido, él paro por un segundo, me tomo por las caderas subiéndome sobre él. Mientras me muerde de una manera delicada los pechos y los pezones. De pronto sentí como introdujo su polla en mi coño y comencé a gemir; perdiendo la razón del tiempo. Continuamos y continuamos sin parar, dentro del auto.
 
Él me toma nuevamente de la cintura y me deja en el asiento del conductor; caigo agotada de placer y me duermo al instante.
 
A la mañana siguiente me despierto en el autoservicio, con un dolor de cabeza vigoroso, pero igual así, le pregunto al mecánico el nombre del tío que me había remolcado, y él me contesta –A no tengo la mismísima idea de quien fue, solo dejo el coche y se fue…–, y le contesto –Ahhh!!! Gracias de igual forma–, él me dice que ya puedo irme. Tomo el coche y me voy pensando en él, el tío de la grúa.
 
Notas Posteriores:
Han pasado muchos años desde aquella noche lluviosa de abril; no he vuelto a ver al tío de la grúa, pero aun lo recuerdo y lo guardo en mis más profundos sueños, aquella noche y aquel instante en el que el llego y me hizo la tía mas feliz de todo el mundo.

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